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JOSÉ NEGRÓN VALERA|ANTROPÓLOGO Y ESCRITOR VENEZOLANO

¿Y SI ALTAMIRA QUEDARA EN COLOMBIA?


Es posible que en Alemania, Inglaterra o Estados Unidos, nadie conozca a la pequeña población de Buenaventura en Colombia. Una localidad que es responsable del 60 por ciento del comercio marítimo y que le genera al país neogranadino más de 7 billones de pesos en impuestos, pero que, paradójicamente, alberga en su seno 64 por ciento de pobreza. Sin embargo, deben estar atiborrados de información sobre lo que sucede en Altamira, una pequeñísima parte de la ciudad de Caracas, cuyos habitantes pertenecen a las clases más apoderadas de Venezuela y que son el símbolo de la “resistencia” contra el gobierno del Presidente Nicolás Maduro.


¿Buenaventura?

Hasta que estallara el paro cívico, en dicho territorio ningún medio internacional se había ocupado de reflejar las graves brechas de desigualdad presentes en Buenaventura. A pesar de ser uno de los puertos marítimos más importantes de la región y de aportar a Colombia más impuestos que “Cartagena, Bogotá, Barranquilla y Santa Marta”, según declaraciones de Domingo Chinea, ex gerente de la sociedad portuaria de Buenaventura, su población de 415.000 habitantes no tienen acceso al agua potable y además posee una tasa de desempleo que ronda por el 62 por ciento.

Dicha situación llevó a la población de Buenaventura a decretar el día viernes 19 de mayo de 2017 un Paro Cívico, con el fin de hacer un llamado de atención a las autoridades colombianas para que decretaran la emergencia económica en la zona. Sin embargo, a pesar de las mesas de negociación, los disturbios comenzaron ese día y dieron como resultado más de 2 millones de dólares en pérdidas producto de los saqueos registrados. Ya el día jueves, un patrullero de la policía murió luego de que una cuerda que bloqueaba una carretera como parte del paro cívico lo hiciera caer de la moto en la que viajaba.

La respuesta del gobierno de Juan Manuel Santos no se hizo esperar. Se decretó un toque de queda y envió más de 1500 policías y 700 militares del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) de Colombia.

En un comunicado emitido por el Consejo Nacional Afrocolombiano de Paz (Conpaz) la militarización de la zona decretada por el gobierno de Santos sólo ha traído más problemas. Señalan que los agentes del Esmad usaron gases lacrimógenos para dispersar a los protestantes, a pesar de que en el sitio se encontraban personas de la tercera edad y niños.

“La situación se desbordó y es necesario un puente internacional que sirva como intermediarios entre fuerza pública y comunidad”, asegura el comunicado en el que solicita una “acción urgente” para resolver la situación de manera que no haya más represión.

Santos más preocupado por Venezuela que por Colombia

Durante la reunión que sostuvieran en Washington, el presidente colombiano con Donald Trump, el primero de ellos comentó que “La situación en Venezuela es muy triste” y hacía votos porque el gobierno escuchara a la población que protestaba.

Sin embargo, en Venezuela, especialmente en los municipios controlados por la oposición, grupos violentos han causado no sólo pérdidas materiales, sino la muerte de numerosas personas e incluso han promovido el linchamiento y persecución de otros venezolanos, todo esto amparado por una matriz mediática mundial que los sigue arropando bajo la etiqueta de “protestas pacíficas”.

Sin duda alguna, de quedar Altamira en el vecino país, la Policía Colombiana tendría bastante claro qué hacer.

“La protesta es pacífica cuando no se obstruyen vías, cuando no se asesinan policías, cuando no se alteran los derechos de otras personas, entonces, estaba todo el puerto parado no había movilidad, eso no es una protesta pacífica, entonces la policía está para garantizar los derechos de otras personas, la movilidad tiene que darse, dijeron en la protestas que iban a dar unos puntos de encuentros y eran puntos de bloqueos, eso no es pacífico”, dice un oficial de la policía colombiana respecto a las manifestaciones de Buenaventura, donde los habitantes reclaman la atención de Juan Manuel Santos.


A pesar de la violencia de las protestas de oposición, el gobierno venezolano de Nicolás Maduro, al contrario del liderado por Santos, no ha optado por militarizar el país, decretar toques de queda y enviar el ejército a la calle. No obstante para la prensa internacional, las protestas en Colombia siguen siendo brotes de violencia delincuencial, mientras que lo que sucede en Venezuela son “dignas expresiones de un pueblo que lucha por la democracia y que merece atención mediática exclusiva y permanente”.

Vea el siguiente vídeo y pregúntese ¿qué haría Santos de quedar Altamira en Colombia?:







José Negrón Valera
Antropólogo y Escritor
@josenegronv

Artículo publicado originalmente en www.sintesis.com.ve

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